Exorcisando el 11
Después de muchos años, me animé a participar de esta marcha del 11 de septiembre. Con la llegada de la democracia, entré en una especie de sopor hipnótico que me marginó de casi toda actividad político-social. Pero este año, era diferente. La llegada de la derecha al gobierno es algo que a pocos puede dejar indiferente. Y desde algún tiempo, llevan sonando en mi mente los versos de Zitarrosa:
“Hago falta… Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy… Siento que hay un sitio para mi en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera… Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado… Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo… Los ojos míos en la contemplación del mañana… Mis manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos.”
Así es que organicé mis asuntos domésticos y partí. Era bastante tarde, Metro Cerro Blanco fue mi destino. Subo las escaleras, y veo gente. Mucha gente. Cuadras y cuadras de gente. Banderas, muchas banderas. Lienzos, gritos, música. Me uno a la marcha y aunque no veo a nadie conocido, me siento cómoda. Pienso en lo que habrá sentido el patito feo cuando se encuentra con un grupo de patos y descubre que son iguales a él. Asi mismo siento. Empiezo a descubrir caras conocidas, pero me llama la atención que hay mucha juventud. No me conozco los gritos, han pasado tantos años! Pero me invade la alegría de esta larga marcha.
En algún momento, quedo al lado de unos chicos que van tocando, cantando y bailando. Desbordan alegría, y no puedo dejar de sentirlo como extraño. Acostumbrada a marchas tristes, dolorosas, llenas de rabia. Ahora es distinto, cantos y bailes inundan la calle. Y junto a ellos, llego a la entrada del cementerio. Cruzamos las puertas. Es una especie de murga, sus tambores resuenan en mi cuerpo, su alegría me desborda. Pienso en las tantas veces que crucé esa misma puerta para ir a despedir a compañeros y amigos asesinados. Siempre con rabia y dolor. Y miedo, y bronca.
Esta vez era una fiesta, y me pareció tan maravillosamente bipolar! Apenas contenía las lágrimas de emoción. Era un verdadero exorcismo, una experiencia casi mística. En el lugar donde está despositado todo nuestro dolor, este grupo de jóvenes (y muchos otros, por cierto) limpiando todo eso con su alegría, su música, sus cantos y sus bailes.
Quisiera agradecerles a estos chicos maravillosos, felicitarlos por su trabajo. Gracias a ellos, pude vivir esta especie de “exorcismo”. Se llaman “Colectivo Musikobrero”. Los busqué en youtube y esto es lo que encontré. El video corresponde a otra fecha, pero las canciones son las mismas.
Después de harto buscar, encontré un par de videos de ese momento, no exactamente la entrada al cementerio, pero del dia de la marcha. Aquí los comparto.
Y este otro, que lo cantaban cada vez que pasamos por algún movil de prensa: “Ahi está la tele, ahí está la prensa, ellos trabajan pa los ricos y para engañar, ahi está la tele con sus mentiras, van vendiendo la pescá”