¡Hola Mundo!

Diálogos entre los múltiples yoes de Victoria.

Huacho

February12

Anoche me animé a ir a ver la película “Huacho”. Confieso que mis expectativas no eran muy altas. Pero una vez que la vi, sólo atinaba a pensar en miles de adjetivos, palabras sueltas que de algún modo reflejaran la emoción que me provocó. Pucha, el diccionario me quedó chico. Es sencillamente DELICIOSA.

Pero desglosemos un poco el asunto. La película muestra un dia en la vida de una familia del campo. Casi como un reality. Y al pensarla como reality, no puedo dejar de acordarme de la basura de “pelotón” con sus chicas y chicos plásticos (sí, plásticos, como la canción de Ruben Blades) e inevitablemente me causa un asco casi vomitivo.
Afortunadamente, aquí nadie es de plástico. Son 4 personas que conforman una familia y nos van mostrando su dia. Una familia de campo.

dona-clemira
Clemira, la abuela. Una viejita simple, que se levanta al alba, conversa con sus gallinas y fabrica quesos que luego los va a vender a la carretera. ¿Cuántas veces hemos parado a comprar queso fresco en la carretera sin siquiera imaginarnos el inmenso esfuerzo que hay detrás de eso?? Y peor aun, regateamos el precio, asi como los compradores de los quesos de Clemira.

alejandra
Después está la historia de Alejandra, la hija del matrimonio. Una mujer que no tiene muy claras sus prioridades. Se gasta la plata de la luz en un lindo vestido que sólo le sirve para poder pasearse por un mall. Trabaja de cocinera, y el sueldo no le alcanza. Ella refleja de alguna manera al grueso de la sociedad chilena, que se engrupen con esto de tener tarjetitas multicolores para poder comprar una vida que no les pertenece. Y comprar cosas que no necesitan.

manuel
Luego viene la historia de Manuel, el hijo “huacho” de Alejandra. Manuel es un niño que debe recorrer kilómetros para ir al colegio. Sin embargo, su verdadera pasión son los videojuegos. Lo vemos en su sala de clases, sin prestar la mínima atención a lo que le enseñan, sólo preocupado de conseguir que sus compañeros lo dejen jugar unos minutos con el juguetito ese (ni se cómo se llama). Mención aparte merece el profesor que con una simple frase nos devela el estado catastrófico de la educación pública en Chile. “Ya niños, hagan el trabajo rápido, porque asi terminamos luego. Todos queremos terminar pronto, para poder irnos”. No es la frase literal, porque no la recuerdo, pero casi. Dónde quedó el amor por el conocimiento!! las ganas de aprender, la pasión por enseñar!!! Nada.

don-cornelio
Finalmente, acompañamos a Cornelio, el tata. El es un viejo campesino, que pone cercos. Pero no sólo los instala. Corta los palos con hacha, en fin, los hace a mano por completo. Al terminar su jornada, va a tomarse un trago con sus amigos. Si la familia no lo pasa a buscar es capaz de quedarse ahi tomando y conversando. Cornelio tiene una forma de hablar así como cantadita. Y habla casi como en verso, en un estilo muy propio del campesino antiguo. Es lindo escucharlo. Pero Cornelio cuenta historias que nadie escucha. Las repite una y otra vez, pero a nadie -salvo a su esposa a ratos- le interesan.

Una película simple, sencilla. Sin grandes pretensiones, a veces incluso se siente un poco lenta. Pero en su sencillez, nos desnuda como sociedad. Nos muestra cómo hemos ido renegando de nuestras raices, de nuestra cultura. Y cómo la hemos ido reemplazando con estilos de vida y creencias vacías. Da para pensar mucho, cuestionarse adónde vamos cómo sociedad, que queremos construir, en qué creemos, a qué le asignamos mas valor y mil cosas mas.

Me siguen faltando palabras, pero en fin, para eso está el cine, para mostrar en imágenes lo que las palabras no alcanzan.

* Nota: las fotos las saqué de un blog donde dice que la autoría corresponde a Alejandra Villasmil.

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